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Llévame a Indonesia: Los delfines en Lovina

A decir la verdad, desde el principio no tuve demasiada confianza en que lo que íbamos a hacer en Lovina estuviera bien. Durante estos seis meses viajando hemos procurado no dañar de ninguna forma a ningún animal, de ahí la encrucijada en la que nos encontramos con los delfines en Lovina.

No dañar de ninguna forma a ningún animal había implicado “quedarse con las ganas” en muchas ocasiones. Quedarse con las ganas de ver de cerca animales extraordinarios y nada habituales para nosotros, de visitar o entrar en algunos recintos, de fotografiar curiosidades y un largo etcétera en el que se puede incluir mirar. Elefantes, tigres, loros, monos, civetas, ardillas, aves…Muchos de ellos son maltratados para que puedan ser tocados, montados, fotografiados o incluso para que alguien pueda beber el café fabricado a base de sus heces…Y todo este maltrato animal se debe a que el pobre animal llamó la atención y/o provocó la simpatía del turista, para acabar siendo convertido en un recurso más a explotar por los locales.

No siempre resulta tan evidente y, en esta ocasión, nosotros también fuimos partícipes de algo de lo que hubiéramos preferido no haberlo sido. Dicho esto, es por eso por lo que hoy queremos tratar abiertamente este tema, especialmente el caso de los delfines en Lovina.

Ver nadar delfines en libertad

Sueño de infancias, muchos hemos fantaseado con poder ver delfines de cerca en nuestra vida. Algunos habrán nadado con ellos y/o guardarán como recuerdo una foto en la que el delfín les da un besito, otros los verían en el zoo o en algún espectáculo de delfinario. Pero siendo sinceros, en el amor (también hacia los animales) nadie debería obligar o prohibir a nadie, y en este caso, sí existen cadenas.

Si nos informáramos un poco sobre qué efecto tiene el cautiverio en los delfines, rápidamente podríamos comprobar que estas prácticas tienen fuertes repercusiones en su vida. Aquí dejo un pequeño comienzo (e incitación) de tu futura investigación 😉

Sin embargo, en este pueblo al norte de Bali parecía distinto. En las aguas de Lovina los delfines camparían a sus anchas, en un rinconcito de Indonesia al que ellos acudirían libremente a nadar, descansar y, en definitiva, vivir en paz. Nosotros no seríamos más que meros visitantes observando cómo bailaban y saltaban en el agua desde un pequeño barco.

Y el plan hizo aguas…

Aunque debo confesar que nuestra primera idea al llegar a Lovina era simplemente visitarlo, juntos a su playa y alrededores, todo se fue al traste. El primer día nos acercamos a la playa con un NO VOY A VER DELFINES escrito en la frente, pero topamos con varios marineros que nos hicieron replantearnos nuestro pensamiento inicial. Nos comentaron que iríamos a algún punto perdido en el mar y nos detendríamos allí con la “esperanza pero sin certeza” de ver delfines por la zona. Comprobamos que el barco era un bote de madera, estilo catamarán, en el que cabrían un máximo de 5 personas no muy corpulentas.

Nos marchamos al hostal y debatimos sobre aquello. Buscamos en internet, hablamos con el recepcionista del hostal y un par de turistas más y, finalmente, nos decidimos a probar la experienza. Al fin y al cabo, no parecía que hubiera ningún maltrato animal en ella…

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Se podría decir que no fue para tanto, que sólo fueron perseguidos. Pero, a nuestro parecer, fuimos muchos barcos aquel día. Demasiados. Íbamos alrededor de 50 de sus barcos a la “caza y captura” de los delfines. Los perseguimos y acorralamos. Muchos de ellos iban prácticamente vacíos, con una cantidad de gente menor que la de cámaras.

Y todo, entiendo que, debido a una simple razón: DINERO. Los marineros podrían salir con sus barcos llenos, en lugar de una o dos personas. Podrían “recolocar” a los turistas que quieran hacer la excursión en distintos botes de compañeros para llenar cada barco y, en definitiva, que navegara una cantidad menor al día. Quizás, limitar el número de salidas al día o no perseguir a los delfines.

El caso es que siento que caí en la trampa. Pasé días digeriendo aquello. Cada vez me cabe menos en la cabeza cómo o porqué dejamos que se maltraten a animales por obtener fotografías chulas. Nuestros caprichos no justifican el maltrato al que se someten a muchos animales cada día, y los delfines en Lovina no son ninguna excepción. No contribuir, no financiar y, en definitiva, no alimentar este maltrato está en nuestras manos. ¡Actuemos en consecuencia!

Sabemos que es un tema controvertido, pero nos encantaría saber qué te parece nuestra reflexión. ¿Has visto alguna otra forma de estrés, maltrato o comercialización animal? Compártela con nosotros abajo. ¡Te estamos esperando!

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2 comentarios en “Llévame a Indonesia: Los delfines en Lovina

  • Hola,

    Creo que tienes razón en ello, a mí me pasó algo parecido en Brisbane (Australia) con los koalas y canguros.

    Pagué para entrar al Santuario de Koalas, me hice la foto con un koala en mis brazos (pagando también), me hice fotos con canguros, compré una bolsita de comida para alimentarlos (allí mismo la venden por si quieres darles comida), que luego no usé aunque si que le dí de comer a algún canguro cogiendo un poco de la bolsita de comida que también había comprado una amiga (y es que como yo, había mucha gente que quería darles de comer y que comiesen de su mano, sobretodo niños, y aunque a veces algún canguro quería comer, otros estaban hartos, ya que estaban expuestos a los visitantes el tiempo que se abría el parque, a menos que se fuesen a su rincón donde los visitantes no podían entrar).

    Una semana después fui a Daisy Hill donde era gratuito, y después de estar allí, me arrepentí de haber ido al Santuario del Koala, porque como dices tú, contribuí a mantener ese santuario con mi dinero, donde creo que los animales no están en las mejores condiciones que podrían estar. Y es que a diferencia del Santurario del Koala, Daisy Hill es un bosque en el cual puedes ver koalas y canguros en libertad (también hay un pequeño parque de conservación de koalas) y que campan a sus anchas (no obstante para ver los koalas tienes que fijarte mucho en los eucaliptos pero los canguros son fáciles de ver aunque se alejan de tí cuando estás a un metro o un poco menos). En general todo aquello me pareció mucho más natural y los animales con más energía y viveza.

    Volviendo al tema de tu publicación, pienso que tendríamos que mirar dentro de cada uno de nosotros, hacer autocrítica, tomar consciencia, tener voluntad y sentir que es lo que ganamos a cambio de no ir a estos sitios (¿de verdad perdemos tanto?, donde maltratan y/o estresan a los animales para así evitar o al menos minimizar al máximo, la visita a estos sitios. Y tal vez enfocarlo de otra manera con una actitud más honrada con los animales, como por ejemplo, que sea una posibilidad poder verlos dando un paseo por su hábitat natural (ya sea a pie, bicicleta, coche o barco) disfrutando del paisaje y la compañía en vez de estar siempre encaprichado solo en verlos, (aunque a veces nos las pueden colar con el afán de vender, como en tu caso o por falta de información y autocrítica en mi caso).

    Saludos

    • ¡Hola Sergio!

      Antes de nada, gracias por tu comentario.
      Me encanta que una reflexión nuestra haya hecho que, en distinto lugar y con distintos animales, alguien haya reflexionado y hecho autocrítica también.

      Respecto a los animales, ya sabes que no he visitado por ejemplo a los de Lone Pine, pero cuando el animal es sujeto a mantenerse en una zona, la comida que se le ofrece no es su ideal o sufre mayor estrés del que tendría en su vida habitual, yo ya digo no.

      La pregunta que suelo hacerme es: ¿para qué necesito ver, tocar o hacer una fotografía a un animal que sufre y está tenso (turista tras turista) porque pagaré por ello?
      Creo que siempre hay otras opciones, como por ejemplo el caso de ver los alrededores del Daisy Hill en Brisbane. Ver animales en total libertad, aunque no “se puedan” tocar siempre será mi mejor opción.

      Gracias, de nuevo, por escribir este comentario y un saludo 😉

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